Equipo grande, equipo pequeño

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Estaba llamado a ser el duelo de la Champions. El enfrentamiento entre los dos equipos que protagonizaron el cambio de cromos más caro de todos los tiempos. Yo te doy a éste, tú me das el tuyo, toma calderilla (en comparación a lo que maneja Flo, estas cifras son irrisorias) y todos contentos a jugar a nuestra esquina del patio.

Era la vendetta, el orgullo, la afrenta de un camerunés que siempre se sintió el segundo de la clase. El querido, pero no tanto como X. Llámese Messi, Ronaldinho, Bojan. Era también el retorno del hijo problemático, del sueco balcánico que todo fue y también rápido se fue. Era mucho más que la primera jornada de la liguilla de clasificación de la Champions League. No era solo eso. Era, sin exagerar, una digna semifinal avanzada. O mejor. Una perfecta finalísima por la que cualquier apostante betanwinista se habría jugado hasta los calzoncillos. Era, simplemente, EL partido.

Y sin embargo, todo se quedó en tablas entre un equipo que quiso y otro que evitó. El Barça, irregular aún en estas primeras semanas de andadura, combina minutos de fútbol de leyenda con otros de incertidumbre, normales en estas alturas de competición. Pero siempre quiso ser, quiso ganar, quiso convencer, vencer y crecer. Quiso hasta el final, y ese es su gran mérito, sabiendo que si sigue queriendo así, podrá llegar (más) allá.

Ante él, el Inter evitó. Un equipo del que se hablaba las mil maravillas, el de los cuatro tantos al Milán, el del golazo de Eto’o por la escuadra, el del gran estratega Mourinho, recuperador de jugadores defenestrados. Llamado a ser uno de los favoritos al título, el Inter solo se limitó a evitar. Durante 90 minutos evitó ser goleado, aplastado, derrotado y humillado por unos diminutos mequetrefes con pegamento en sus botas. En el fondo, los interistas también quisieron. Eto’o quería enseñar a Ibra a correr como un negro en el Barça, y vaya si corrió, pero detrás del balón. Mourinho quería aleccionar a Pep sobre las verdades del fútbol, y al final, la única verdad, es que los italianos eran monigotes despistados siguiendo la pista de un balón que nunca fue suyo, con más voluntad que criterio.  Moratti quería demostrar a Laporta que el negocio fue redondo para el Inter, cuando lo más redondo que pudo agradecer es el cero en el marcador de goles recibidos. Y el Inter quiso jugar a ser un equipo grande, cuando en realidad no evitó, en ningún momento, ser simplemente un equipo más diminuto que nunca.

~ por cubero en Septiembre 16, 2009.

Una respuesta to “Equipo grande, equipo pequeño”

  1. aqui me cuelo para dejarte un saludo!
    y tranki, que si el tiro de Stankovic llega a entrar… ;)
    pues nada uqe un abrazo desde Donosti
    por cierto, Josu Martinez (Josu, el de Bilbo) ha estrenado un documental en el Festival de Cine de San Sebastian. “Itsasoaren alaba” (la hija del mar) creo que se llama.
    un abrazo!
    Mikel

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