UN CAFÉ CORTADO

foto de alexcubero en 22/01/09

NO ES PRECISAMENTE MI MEJOR SEMANA, debo reconocerlo. Escribo estas líneas aplacado por un gripazo de los de antaño, atabiado con bata, calcetines, pijama gordo y pañuelo al cuello. Mi pelo, despeinado, tiene ese aspecto andrajoso del que lleva todo el día sin hacer nada más que cultivar un virus inoportuno a costa de su salud. Me acompañan unas visibles ojeras de una noche de sudor, una fiebre que sube y baja a su parecer, y una verdadera batucada de Carlinhos Brown en mi cabeza. Mi garganta, dolorida, parece la perfecta acompañante de unas frágiles articulaciones, que provocan que mi caminar sea lento y pesado. En definitiva, una de esas gripes que dejan a uno caldoso, la mejor manera de definir mi estado actual.

LA CULPA NO FUE DEL CHA CHA CHA, como dice la canción, pero sí de un café. No piensen que he perdido la cabeza o que debo denunciar a Nescafé por un producto en mal estado. Les explicaré la película, así que presten atención. Resulta que, si me siguieron en la entrada anterior (Dios salve a mis fieles lectores, es decir, yo y yo mismo), no acabé la semana con buen pie, y empecé la actual con un tropezón que me llevó a dar de bruces contra suelo. Afligido en mente y alma, una bola de nieve de perfectas tonterías se convirtió en avalancha, que me arrastró precipicio abajo tragando nieve por la boca, y quien dice nieve, dice tristezas varias. Metáforas a un lado, simplemente tenía demasiadas cosas en la cabeza en el momento menos indicado. Y me hundí, como se dice, en mi propia mierda. Un chof chof en el que no vale la pena insistir demasiado.

SE DICE QUE LOS MARTES, NI TE CASES NI TE EMBARQUES. Y yo, que de supersticiones nunca he sido un erudito, me embarqué, me casé, y monté un festín por todo lo alto, de esos con padrino descorbatado y puro en mano. Toda una tarde de paseos, conversaciones, risas y sonrisas. Alrededor de un café dejé atrás todos los pesos que me habían atormentado durante casi una semana, y volví a ser yo. Con ese café me perdí en plazas de ensueño, en calles de antaño y en palacios musicales. Y por una tarde, todo volvió a ser equilibrio, espumoso como la crema de aquel café cortado que compartí contigo en un frío martes de enero.

SIN EMBARGO, LA VENGANZA SE SIRVE EN PLATO FRÍO. ¿Cómo había osado retar a mi Tristeza?¿De verdad creía que se iba a dar por vencida tan fácilmente? Como esperaba, ella volvió a la carga, esta vez con una infantería de virus gripal como arma, para vengarse por haberla pisoteado durante una tarde de perfecta Felicidad. Y aquí me ven, atolondrado desde entonces en el cuadrilátero de las guerras antibióticas, peleando contra mis anginas a base de sobrecitos y pastillitas con nombres raros e impronunciables. Pero mi amiga Tristeza sabe, en el fondo, que tiene la guerra perdida de antemano. Pues desde aquel café no he dejado de sonreir. Y entonces, tumbado en mi cama, desfallecido por esta gripe de destrucción masiva, alzaré mi puño al aire y diré en alto esas palabras mágicas: “Pónganos otro cortado, por favor”.

~ por cubero en Enero 23, 2009.

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