Larga vida al nueve

foto de alexcubero en 31/12/08

Se va un año, y ya es otro más en esta larga lista que empecé hace 25 y contando. Decidle adiós con la mano, pues aquí se acabo nuestra relación. Recuerdo efímero será aquel 2008 en que tantas cosas pasaron, o tan pocas, o las suficientes, o las demasiadas. Las que fueron y no volverán. Hasta siempre y hasta nunca, dos besos y gracias por el servicio prestado.

Es curioso que cuando algo llega a su fin, la gente (me incluyo) reflexiona sobre lo andado, deteniéndose y echando la vista atrás sobre los pasos marcados en la nieve. Mañana no dejará de ser un día exactamente igual al de hoy, pero sin embargo, no lo será. ¿Qué cambia?¿Un dígito? No. Es más que eso. Cambia todo. Se cierra un ciclo, una etapa, un recorrido, para bien o para mal. Un año. 365 días de vivencias que ahora serán recuerdo, experiencia, foto u olvido. Algo conocido se despide, y se abre el telón de los sueños, las esperanzas o también los temores.

Mírenme a mi, autor de este relato. Un año redondo. Puedo decir, sin exagerar, que ha sido el mejor año de mi vida. No se queda ahí, sino que el difunto ha dejado un buen seguro de vida para su heredero en el calendario: un final pletórico de una larga carrera académica; un ilusionante reto profesional a dos años vista; amigos que se han hecho hermanos; y nuevos conocidos que se han subido al tren a última hora, y que van camino de convertirse en mucho más que amigos. Un lujo de herencia, si me lo permiten. El muerto al hoyo y al bolsillo el chollo. Y quédese con el cambio.

Y sin embargo (siempre hay un sin embargo), un simple cambio de dígito trae consigo el terrible desamparo de pensar que la suerte puede girarse y decir paren el tren que aquí me bajo yo, hasta otra y muy buenas. Un sinsentido de sentimiento, pero ¿desde cuando los sentimientos tuvieron razón de ser?. Miedo a cambiar, miedo a crecer, miedo a avanzar. Miedo a perder lo conseguido, a retroceder, a perder las musas y con ella la buena estrella. Miedo al miedo, irracional con más razón que nunca, que tontería más seria.

Hasta aquí 2008. Se va el año en que el negro echó al tonto de una casita blanca. Aquel en que una roja jugó un fútbol dorado y en el que la economía del globo fue más negra que nunca. Se marcha el año de la crisis innombrable y el zapatazo no certero a Bush. Aquel en que China nos enseñó en los Juegos Olímpicos lo bonito que es su salón prefabricado de Ikea, todo reluciente y asombrosamente ordenado, pero demostró que sigue escondiendo en su enorme y viejo trastero todos los trapos sucios de siempre, y son muchos.

Me despido de ti, año viejo, cansado, mustio, consumido y caduco. No sabemos que vendrá ahora, y lo que deba ser, será. Seguramente, mañana me despertaré y me daré cuenta que todo sigue totalmente igual. Y no obstante (siempre hay un no obstante), querré creer con todo mi corazón que todo ha cambiado, que todo es diferente, y que el nuevo año traerá un pan bajo el brazo, calentito y recién sacado del horno. A pesar de que la única diferencia esté, simplemente, en ese último dígito. Adiós, querido ocho. Larga vida al nueve.

~ por cubero en Enero 1, 2009.

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