Mirando el techo

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Tumbado en mi cama, miro el techo. Cuantas veces habré repetido este dichoso ejercicio a lo largo de mi vida, como si en esa capa de yeso blanca pudiera encontrar la respuesta a las preguntas que se atascan en mi cabeza. Pero lo miro, lo remiro, lo repaso y lo examino, suspiro y vuelvo a suspirar.

Suspiro. Y demasiado. Creo que hacía tiempo que no lo hacía tanto y tantas veces seguidas. Hasta resoplo, que es peor. Una y otra vez. Buf tras buf, cada vez más largo, más lento, más profundo. No es cansancio. Es más que eso, aunque no sé muy bien qué.

Vuelvo a mirar el techo. Quizás estaba equivocado. ¡Sí! ¡exactamente! Ya lo tengo. Lo que realmente trato es de ir más allá del techo. Busco el vacío, el infinito, quizás estrellas luminosas rodeadas de ovejas verde fosforito, quizás imaginaciones mías, imaginar años futuros o recuperar recuerdos demasiado recientes. ¿Qué buscas, Àlex? ¿Acaso respuestas? No te equivoques. Quedarte tumbado en la cama nunca fue demasiada buena solución a tus quebraderos de cabeza.

Así que decido escribir. Oh, que novedad. Puede que sólo intente asemejarme a un pintor excitado que trata de entender lo que siente, sucumbiendo en una orgía de colores confusos, pintando con brochazos alocados y desesperados, creyendo improvisar cuando en realidad ya sabe muy bien qué está dibujando. Tecleo rápido, con fuerza, con demasiada pasión diría yo. Tanta que llevo un rato escribiendo cosas que creo que debería dejar guardaditas con llave, en un agujero en lo más profundo del salvaje bosque de mis pensamientos. Y rodeado de una verja metálica con pinchos asesinos. Por si las moscas a alguien se le ocurre husmear.

Es curioso. Acabo el año mejor que nunca y ya estoy pensando demasiado. ¿Será miedo? Sí, creo que es eso. Demasiadas cosas me vienen de repente, todo nuevo, inesperado, muy bonito, con música de que-bien-nos-lo-vamos-a-pasar y un lacito rojo. Hasta una tarjetita de “Bienvenido a tu nueva vida, Àlex“… Todo precioso, sí.

Y ya veis. Como un capullo (en flor) me volveré a estirar en mi cama tras acabar este lienzo de no sé muy bien qué, recuperando mis absurdos pensamientos acerca de nada en concreto. Quizás hasta me ponga a escuchar música. Algo que me suponga un pequeño oasis en el desierto agilipollado de absurdas dudas en el que me arrastro ahora.

Seré capullo… Buuuuf

~ por cubero en Diciembre 31, 2008.

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