¡God bless America!
Basta. Necesito un descanso. Un kit kat. Llámenle como quieran. Break, stop, respiro, pausa, tregua. Da lo mismo, porque es lo mismo. Odiaré esa palabreja. “Primarias”. Obama, Clinton, caucus, lobbies, Iowa. Todo me queda lejos. Y sin embargo almuerzo con ellos. Como con ellos. Duermo y ceno. Incluso fornicaría con ellos si fuera posible. No puedo más. Están en todas las tertulias. Demócratas. Conversaciones de café, breves de portada. Primarias. Abro la tele. Obama. Escucho la radio. Clinton. Hasta nos roban nuestro símbolo más catalán, el asno. Eso no. Quizás si me tiro un pedo suene el himno americano.
Nuestros candidatos han llegado al final. Dakota y Montana. Por fin. Se acabó la lucha fraticida. ¿Seguro? Pues va a ser que no. Llegó el turno de los superdelegados. Yo me los imagino con su capa al viento. “¡Hemos llegado!”. “Somos los superdelegados”. Poca broma. ¿Piensan que realmente terminó? Tres meses quedan. ¡TRES!. La Convención Nacional llega el 25 de agosto. Ahora cávalas y quinielas. Compras de votos. Venta de integridades políticas. It’s the power, stupid! El poder por el poder. Y joder, eso sí que se les da bien.
Citaré a Aznar, ahora tan yanki él. Váyase, señora Clinton. Hágalo rápido. No se despida. No es necesario. Es más, se lo agradecerán. Huya rauda y veloz, como alma que lleva el diablo. Y tire la toalla. Si puede ser lejos. Tómese unas vacaciones. Puerto Rico, por ejemplo. Allí ganó las primarias. Gánese un merecido retiro. Hace tiempo que está usted acabada. Pero no quiere aceptarlo. Hasta su marido lo ha insinuado. La cosa está muy negra. Negro Obama. La victoria de la otra América. Y usted ya fue América. Jugó a las damas. Pero usted prefiere el ajedrez. Mover fichas. Ser reina. Mandar peones a Irak. Esos peones que uno puede sacrificar. Por la victoria final. Por América.
Finales de agosto. Obama se proclamará candidato oficial. ¡Hurra! Pero no celebre nada. Porque las primarias terminan. Pero un fin supone un comienzo. Las presidenciales. McCain. El héroe de Vietnam. Si se tuviera que hacer un filme sobre él, el actor sería Bruce Willis. Tipo duro, McCain. 73 años. Luís Aragonés a la americana. Un poco mayorcete, vamos. No para estos trotes. Y entonces empezará la carrera presidencial. Rojo. Azul. Blanco. Música de parafernalia. Obama por aquí. McCain por allá. Bush en Puerto Rico, con Clinton. O quizás un destino más exótico. ¡Bagdad! Allí le esperan con cariño. Vaya. Pues al final resultará que echaré de menos las primarias. Con ellas, mis flatulencias olían mejor. A barras y estrellas. ¡God bless America!






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