El triunfito es Risto
Dejémonos de milongas. Risto se ha apoderado totalmente de ese reality vestido de academia musical que es Operación Triunfo. Ya nada importa salvo sus intervenciones. Las galas se han convertido en un todos contra él, en el que el resto de componentes del jurado, los profesores, el director Àngel Llàcer, los concursantes e incluso Jesús Vázquez no hacen más que acrecentar su figura. Y ¡voilà!, ahora el público corea su nombre y aplaude sus feroces críticas. Algo inédito en OT. Díganselo a la ahora amiga y defensora de los triunfitos, Noemí Galera, que hasta la llegada de Risto era quien hacía el papel de mala malísima del cuarteto de jueces. Ella tuvo que soportar abucheos y silbidos. Eran otros tiempos, claro.
Tiempos en que lo verdaderamente importante eran los 16 ratoncitos musicales que se entregaban en cuerpo y alma a alcanzar el sueño de su vida, metafóricamente recreado en el cruza la pasarela que salvaba de la nominación. Todos nos emocionamos con aquel Bisbal de rizos imparables y gorgoritos latinos, de la chica acomplejada que sacó a Eurovisión del pozo en España con el Europe’s living a celebration o de un Bustamante adolescente y llorón. Por aquel entonces, aún nos creíamos que aquello era una escuela de canto, un formato diferente al por entonces triunfal Gran Hermano, paradigma de la vida en directo y el morbo voyeur. Los trabajadores y aplicados triunfitos parecían ser el antagónico de esos concursantes vagos y polémicos surgidos del programa de Mercedes Milà. Eran otros tiempos, claro.
Ahora las canciones ya no importan. La academia ha dejado paso a la casa, al comedor, al baño. OT se ha corrompido, ha heredado lo peor de los realities y ahora desprende un tufo sospechoso. Hace tiempo que no sigo los resúmenes. Incluso muchas veces enciendo el televisor hacia las 11.30, cuando empiezan las nominaciones. Y entonces veo sus gafas lilas, su cara de poli malo, inexpresiva ante el dolor, su chaqueta de cuero y sus comentarios sarcásticos llenos de razón. Y en ese momento sé que el resto ya no importa. OT murió hace mucho, el tiempo de Risto ha llegado. El César ha muerto, ¡Viva el César!. Porque ahora, el verdadero triunfito es Risto. Son otros tiempo, claro.






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