15 minutos de gloria en Internet

 

Tiene usted 150 e-mails nuevos en su bandeja de entrada“. No es extraño que este mensaje aparezca cada vez que abrimos nuestra cuenta de correo electrónico. La mayoría, mensajes reenviados por nuestros amigos y conocidos sobre vídeos extraños, powerpoints con chistes mejorables y cadenas que nos avisan que de no ser continuada, moriremos al instante ahogándonos con nuestra propia saliva.

Pero mi pregunta es: ¿de dónde salen todos esos vídeos de gente desconocida haciendo cosas raras? No soy el único al que este interrogante le ronda la cabeza. El pasado fin de semana se celebró en el Instituto de Tecnología de Massachussets un congreso para intentar descifrar el enigma de la fama en internet. En otras palabras, la razón por la cual miles de tonterías simpáticas triunfan en la red. Vídeos de osos panda que estornudan, gatos que se parecen a Hitler o gente cantando delante de su webcam. Toda una subcultura pop, como la bautizan los organizadores del evento, en el ciberespacio. Su conclusión fue que no se podía explicar el porqué de tal auge, pero sí predecir que dentro de unos años, estos actos “serán la piedra fundacional de una nueva subcultura pop: la de las tonterías en internet, esos fenómenos que sin ningún apoyo publicitario, van pasando de un ordenador a otro como si fueran virus“. No es que fuera una gran aportación, ya que es algo que todos ya sabemos.

Pero me sorprende leer lo que afirma David Weinberger, un especialista en este tema. “Nosotros, entre todos, los hicimos famosos”. Interesante. Weinberger prosigue afirmando que “las celebridades de Hollywood dejan de ser famosas cuando las vemos tal y como son en realidad, mientras que las de internet se muestran como seres humanos con fallos. El internauta siente que el famoso es como él. La fama en la red funciona de una manera distinta a lo que ocurría hasta ahora. Consiste, literalmente, en el ‘hazlo tú mismo’“.

Esta excelente idea me hace pensar acerca de las nuevas relaciones sociales del siglo XXI. Algo que quizás los congresistas de Massachussets deberían haber tenido en cuenta. La necesidad de comunicarse con otros como nosotros define a internet, esa red de intercambio recíproco -todos damos y recibimos- que ha cambiado nuestra vida. Todos iguales y al mismo tiempo distintos. Es la democratización de la cultura gracias a la tecnología.

Esos vídeos poseen dos vertientes. Por una parte, el creador, esa persona que con un ordenador, webcam y poco sentido del ridículo, se expone al mundo. Pero por otro lado, los millones de usuarios que hacen que esas pequeñas creaciones fluyan por toda la red, de uno a otro, peer-to-peer. Son los chistes de nuestra época. Antes, los amigos se decían “oye, ¿te cuento un chiste?”. Ahora te abren su portátil y muestran un estúpido vídeo de un mono que se huele el dedo tras introducirlo en su ano. Y lo reenvían a todos sus contactos. Ya nadie se cuenta chistes.

Andy Warhol dijo que en el futuro, todos tendríamos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Él hacía referencia a la televisión, pero Internet ha abierto las puertas a nuevas posibilidades. Nuestros 15 minutos en el ciberespacio ya tienen un nombre, Youtube. La televisión, con sus famosos de cuerpos esculturales, constituye el Olimpo de los Dioses actual, un mundo alejado de nuestra imperfecta humanidad. Pero Youtube, paraíso del frikismo y la exhibición de la normalidad, no dejan de ser un espejo en el que nos vemos reflejados cada día. Por eso mi bandeja de correo ya ha recibido dos mensajes nuevos en lo que llevo escribiendo. Voy a reenviarlos y vuelvo.

 

  

perro en ordenador

-”En Internet, nadie sabe que eres un perro”.

~ por cubero en Mayo 1, 2008.

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