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Pásamela al pie que sino me canso

El partido de ayer de la selección española resultó tan absolutamente soporífero que intentaré no aburrirles en este intento de relatar lo acontencido. Lo haré con frases largas, enormes, interminablemente extensas, porque sólo así uno puede transmitir la linealidad y falta de ritmo de un encuentro que discurría al ralentí, a dos revoluciones menos, con ese toque toque toque y más toque que no lleva a ninguna parte más que al sesteo temprano. Ganó, que era lo mínimo, pero lo hizo como lo hace la España de Luis Aragonés, como si fuera un funcionario público que hace esperar a toda una larga cola mientras él acaba su almuerzo de las once, y desespera a todo el graderío que sólo asiste a una representación tan burda como anodina. Porque si con estas actuaciones pretenden revolucionar y levantar al gentío, ni la máquina mediática de Cuatro conseguirá con sus spots patrios movilizar a la audiencia, y a este paso Manolo dejará el bombo para pasarse al violonchelo. Y es que la música de esta selección no es el tum tum tum de un tambor en tiempos de guerra, sino más bien una sedante y narcotizante melodía de jazz, salvando las distancias.

Maldito letargo, que vienes a mí en forma de pelotita esférica, rodeada de jugadores de pásamela al pie que sino me canso, que intentas convencerme que este año seguro que pasamos de cuartos, mientras que el único cuarto que reconoceré son los 15 minutos que tardo en cambiar de canal ante este somnífero disfrazado de gran espectáculo del mundo. No colabora mucho el seleccionador, emperrado en convertirse en un Ferran Adrià futbolístico, intentado innovar algo que desde que nació ya está condenado al fracaso póstumo. Colocar a Xavi, Alonso, Cesc y Silva juntos es jugar al rondo por el rondo, rondando la desesperación del que al final le toca pagar la ronda de sus amigos y la broma en general, que es el aficionado. Y por eso le recomiendo transmutarse en Santi Santamaría, recordar lo tradicional, lo genético, es decir, esos extremos que tanto han caracterizado a la selección española, y que sumados al fútbol combinativo –ahora sí- quizás nos den alguna alegría pasajera. No nos vendan fútbol de alta escuela a precio de fast-food de carretera con patatas, cocacola y extra de aburrimiento, pues lo que no mata, engorda, y no precisamente la cuenta de títulos.

¡God bless America!

Basta. Necesito un descanso. Un kit kat. Llámenle como quieran. Break, stop, respiro, pausa, tregua. Da lo mismo, porque es lo mismo. Odiaré esa palabreja. “Primarias”. Obama, Clinton, caucus, lobbies, Iowa. Todo me queda lejos. Y sin embargo almuerzo con ellos. Como con ellos. Duermo y ceno. Incluso fornicaría con ellos si fuera posible. No puedo más. Están en todas las tertulias. Demócratas. Conversaciones de café, breves de portada. Primarias. Abro la tele. Obama. Escucho la radio. Clinton. Hasta nos roban nuestro símbolo más catalán, el asno. Eso no. Quizás si me tiro un pedo suene el himno americano.  

Nuestros candidatos han llegado al final. Dakota y Montana. Por fin. Se acabó la lucha fraticida. ¿Seguro? Pues va a ser que no. Llegó el turno de los superdelegados. Yo me los imagino con su capa al viento. “¡Hemos llegado!”. “Somos los superdelegados”. Poca broma. ¿Piensan que realmente terminó? Tres meses quedan. ¡TRES!. La Convención Nacional llega el 25 de agosto. Ahora cávalas y quinielas. Compras de votos. Venta de integridades políticas. It’s the power, stupid! El poder por el poder. Y joder, eso sí que se les da bien.

Citaré a Aznar, ahora tan yanki él. Váyase, señora Clinton. Hágalo rápido. No se despida. No es necesario. Es más, se lo agradecerán. Huya rauda y veloz, como alma que lleva el diablo. Y tire la toalla. Si puede ser lejos. Tómese unas vacaciones. Puerto Rico, por ejemplo. Allí ganó las primarias. Gánese un merecido retiro. Hace tiempo que está usted acabada. Pero no quiere aceptarlo. Hasta su marido lo ha insinuado. La cosa está muy negra. Negro Obama. La victoria de la otra América. Y usted ya fue América. Jugó a las damas. Pero usted prefiere el ajedrez. Mover fichas. Ser reina. Mandar peones a Irak. Esos peones que uno puede sacrificar. Por la victoria final. Por América.

Finales de agosto. Obama se proclamará candidato oficial. ¡Hurra! Pero no celebre nada. Porque las primarias terminan. Pero un fin supone un comienzo. Las presidenciales. McCain. El héroe de Vietnam. Si se tuviera que hacer un filme sobre él, el actor sería Bruce Willis. Tipo duro, McCain. 73 años. Luís Aragonés a la americana. Un poco mayorcete, vamos. No para estos trotes. Y entonces empezará la carrera presidencial. Rojo. Azul. Blanco. Música de parafernalia. Obama por aquí. McCain por allá. Bush en Puerto Rico, con Clinton. O quizás un destino más exótico. ¡Bagdad! Allí le esperan con cariño. Vaya. Pues al final resultará que echaré de menos las primarias. Con ellas, mis flatulencias olían mejor. A barras y estrellas. ¡God bless America!

El triunfito es Risto

Dejémonos de milongas. Risto se ha apoderado totalmente de ese reality vestido de academia musical que es Operación Triunfo. Ya nada importa salvo sus intervenciones. Las galas se han convertido en un todos contra él, en el que el resto de componentes del jurado, los profesores, el director Àngel Llàcer, los concursantes e incluso Jesús Vázquez no hacen más que acrecentar su figura. Y ¡voilà!, ahora el público corea su nombre y aplaude sus feroces críticas. Algo inédito en OT. Díganselo a la ahora amiga y defensora de los triunfitos, Noemí Galera, que hasta la llegada de Risto era quien hacía el papel de mala malísima del cuarteto de jueces. Ella tuvo que soportar abucheos y silbidos. Eran otros tiempos, claro.

Tiempos en que lo verdaderamente importante eran los 16 ratoncitos musicales que se entregaban en cuerpo y alma a alcanzar el sueño de su vida, metafóricamente recreado en el cruza la pasarela que salvaba de la nominación. Todos nos emocionamos con aquel Bisbal de rizos imparables y gorgoritos latinos, de la chica acomplejada que sacó a Eurovisión del pozo en España con el Europe’s living a celebration o de un Bustamante adolescente y llorón. Por aquel entonces, aún nos creíamos que aquello era una escuela de canto, un formato diferente al por entonces triunfal Gran Hermano, paradigma de la vida en directo y el morbo voyeur. Los trabajadores y aplicados triunfitos parecían ser el antagónico de esos concursantes vagos y polémicos surgidos del programa de Mercedes Milà. Eran otros tiempos, claro.

Ahora las canciones ya no importan. La academia ha dejado paso a la casa, al comedor, al baño. OT se ha corrompido, ha heredado lo peor de los realities y ahora desprende un tufo sospechoso. Hace tiempo que no sigo los resúmenes. Incluso muchas veces enciendo el televisor hacia las 11.30, cuando empiezan las nominaciones. Y entonces veo sus gafas lilas, su cara de poli malo, inexpresiva ante el dolor, su chaqueta de cuero y sus comentarios sarcásticos llenos de razón. Y en ese momento sé que el resto ya no importa. OT murió hace mucho, el tiempo de Risto ha llegado. El César ha muerto, ¡Viva el César!. Porque ahora, el verdadero triunfito es Risto. Son otros tiempo, claro.

Crítica TV: Frikis y beatos made in El Terrat

Sábado. Llegó Eurovisión y al final no fue para tanto. Pensábamos todos que tras la eliminación del pavo irlandés Dustin, nuestro Chiquilicuatre sería el último friki en liza y ¡ah, caramba!, descubrimos todo un universo –mejor dicho, un continente– de rarezas musicales. Desde un francés que cantaba en inglés rodeado un coro de mujeres barbudas, hasta una mala versión de los piratas de cualquier parque temático de la costa mediterránea. Sin olvidar los ángeles y demonios rumanos, la cieguita estilo tu sí que vales, y todo un repertorio de féminas salidas de un capítulo de Los vigilantes de la playa. En fin, que finalmente ganó Rusia, el más freak de todos, con ese cantante descamisado, un violinista de rodillas en plena orgía musical y un patinador sobre hielo dando vueltas a ambos. Y además, también en inglés. No sé que pensará Putin al respecto. De todos modos, me quedo con el solo de guitarra de Rodolfo, que sin duda será el éxito del verano… y de La Sexta. Pero no acabó ahí la cosa, pues tras el gran espectáculo del circo de Belgrado, TVE nos ofreció un homenaje a ese viejo film La parada de los monstruos, con una Rafaela Carrá que defendía al representante español como un “innovador”, Loles León, Iñigo y su bigote, Fernandisco y Adriansen en el papel del Santi Santamaría eurovisivo, fiscal acusador del frikismo que viene.

FOLLONES VATICANOS –. Domingo, día en que el Señor descansó. Pues resulta que Buenafuente no da ni un respiro, y su lacayo Jordi Évole, alias el follonero, se presentó en el Vaticano para entregar a Su Santidad la guitarra eléctrica –léase a pilas—de Rodolfo. Y entre tanto, para hacer tiempo se dedicó a recoger firmas a favor de la santificación de Federico Jiménez Losantos. Quizás debería haberlo hecho también con su compañero David Fernández, por el valor que tuvo de presentarse en Belgrado al ritmo del brikindanse. Excelente especial Salvados por la Iglesia (La Sexta) para dejar libertad al descaro del más follonero de El Terrat. Y entonces finalmente, en el séptimo día La Sexta descansó.

Los Altibajos del Golán

La relación entre Siria e Israel se ha visto enturbiada desde que un viernes a las 4 de la tarde, David Ben Gurion proclamara la independencia del estado judío. Esa mima noche, cinco países árabes invaden la frontera palestina: Siria, Egipto, Líbano, Transjordania e Irak. Sesenta años han pasado de ese conflicto, que en realidad se ha alargado hasta la actualidad disfrazado de diferentes formas, disputas, hostilidades y desconfianzas. Esta es la historia del desencuentro entre Jerusalén y Damasco.

Avancemos en el tiempo. En 1967, Israel cruzó la Línea Verde, sus propias fronteras marcadas sobre la línea de alto el fuego de 1949, y conquistó Cisjordania, incluyendo el este de Jerusalén, así como Gaza, el Sinaí que pertenecía a Egipto y los Altos del Golán, territorio sirio. Fue la llamada Guerra de los Seis Días. La primera respuesta al respecto fue la declaración 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de noviembre de 1967, generalmente considerado el documento diplomático de base. En él, se contemplaba que ningún territorio podrá ser adquirido por medio de la fuerza. La osadía de Israel en el conflicto les lleva a penetrar en Siria, llegando incluso a 60 quilómetros de la capital. Pero ese pedazo de territorio, rico en recursos hídricos y con una destacada posición sobre el lago Tiberiades, fue a partir de entonces una constante entre la disputa entre los dos países vecinos. Y por eso, seis años después Siria intentó recuperarlo durante la Guerra del Yom Kippur. En un ataque sorpresa junto a Egipto (que pretendía recuperar el Sinaí), ambos países rompieron la línea de armisticio decretada desde la Guerra de los Seis Días. Pero el asalto para Siria acaba frustrándose, pese a la gran magnitud de las batallas.

En 1981, Israel se anexiona el Golán, pero este movimiento no es reconocido por la comunidad internacional, y no es hasta enero del 2000 cuando se inician conversaciones entre Siria e Israel para plantear una posible devolución. Pero todo se quiebra por algo que parece nimio pero no es tal: poco más de cien metros cuadrados de terreno. Pero se trata de la salida al mar de Galilea, algo geoestratégicamente vital. Siete años después, es Israel quien se muestra favorable a realizar un intercambio simbólico, es decir, territorios por paz, pero sólo si el presidente Sirio, Bachar el Asad, corta relaciones con Irán y los grupos armados hostiles, punto clave para entender la posible solución al conflicto. En octubre de 2007, Israel ataca un reactor nuclear que estaba construyendo Siria, que según Assad no es tal.

Ayer Israel inició conversaciones de paz directas con Siria, con Turquía como mediadora. Los Altos del Golán (y qué hacer con los 18.000 colonos de los asentamientos israelíes) y el acceso al agua son los puntos clave. Siria necesita que EEUU participe, una manera de salir del eje del mal. Israel, que Siria corte con Hamás, Hezbolá e Irán. Geoestrategia para unos y estrategia global para otros. La búsqueda de una solución a dos bandas que en realidad afecta a toda una región del mundo.

La delgada línea roja

Quinto lanzamiento de la tanda de penaltis para el Chelsea. Terry coloca el balón en el punto de cal, mientras Van der Sar mueve sus eternos brazos tratando de que su 1,95 ocupe el máximo de la meta. El capitán blue, con esa serenidad de quien ha vivido todo en el mundo del fútbol, arranca tras el pitido del árbitro. Al chutar, resbala. Su lanzamiento recorre agónicamente los 11 metros mientras las respiraciones se paran en todo el estadio. Y entonces, pese al error en el disparo, el balón acaba en el fondo de la red, ante la mirada desquiciada de un Van der Sar que no había adivinado la dirección. Terry se levanta y corre desesperadamente hacia el infinito. El Chelsea es el nuevo campeón de Europa.

Esta situación podría haberse dado perfectamente en la final de la Champions League de ayer noche. Dos palmos separaron a Terry de la gloria, con un disparo que pese al resbalón del lanzador, pasó rozando la madera. Las tornas se cambiaron. Durante los minutos anteriores, había sido Cristiano Ronaldo el que aguantaba las lágrimas por su error en el segundo lanzamiento. El mejor jugador del Manchester -y quizás el que comparte el cetro mundial con Messi-, el que había adelantado a su equipo con un cabezazo certero en el primer tiempo, el jugador que más peligro había creado a la zaga londinense, se veía ahora a él mismo como el máximo culpable de la posible derrota. En un segundo, cuando el balón de Terry se perdió por la línea de fondo, el destino de cada uno cambió. Y ahora, será el veterano capitán el que se lamentará durante el resto de su vida de aquel fatídico desliz, que si bien no provocó la derrota (fue Anelka el que falló el último lanzamiento), podría haber sido el acierto que diera la orejona al Chelsea, con el nombre de John ferry grabado en letras doradas en la historia del equipo inglés. Nadie recordará el error de Ronaldo.

¿Es justo que algo tan importante como la final de la Copa de Europa se decida en una ruleta rusa a puro azar? Belleti, defensa de técnica discreta, o Hargreaves acertaron su lanzamiento; Cristiano Ronaldo y Anelka, delanteros y goleadores, que tienen en el disparo su mayor arma y virtud, erraron sus tiros. La calidad es más bien relativa. El azar, determinante. Vuelven las preguntas. ¿Es justo?¿Es el Manchester el mejor equipo de Europa?¿Fue ayer el mejor del partido? Los datos oficiales dicen que sí, ya que ganó por penaltis a su rival. El corazón de otros susurra que no, que quizás haya otras maneras de vencer, otras soluciones.

No quedan tan lejos en el tiempo aquellas finales en que, si el resultado era tablas, se debía disputar un segundo partido y así sucesivamente hasta que alguien conseguía acabar con más tantos que el rival. O los trofeos a doble partido. O el famoso gol de oro, que evitaba las eternas prórrogas si alguien lograba marcar. Pero vivimos en tiempos del mandato del espectáculo televisivo, donde todo programa debe tener un inicio y un final. Un desenlace en que el héroe luche agónicamente para terminar en un happy end hollywoodiense. Ya no tiene sentido que una final de la Copa del Mundo o de la Eurocopa acabe jugándose a varios encuentros. Pero eso no quita que nos cuestionemos si existe otra solución mejor, que evite que todo acabe dependiendo del azar. De esa delgada línea roja que separa la gloria del infierno. De un maldito resbalón en el momento menos indicado.

¿Quién da más?

La realidad es siempre relativa. El diputado de CiU, Francesc Sancho, ha acusado a Manuela de Madre (PSC) de sacar provecho de su enfermedad. Recordemos que De Madre sufre fibromialgia, una dolencia que afrecta al 4% de la población catalana. Pues resulta que la política socialista, después de que el Parlament aprobara una propuesta de resolución para mejorar la atención a la fibromialgia y la fatiga crónica, ha mostrado su enojo por el hecho de que al inicio de su intervención en el pleno, Sancho confesara que en un inicio fue excéptico sobre estas enfermedades. La respuesta del diputado convergente ha sido directa en la sien: De Madre utiliza su enfermedad para sacar réditos políticos. “Ha instrumentalizado políticamente durante mucho tiempo esta enfermedad”, afirma el diputado y doctor en medicina. No pretendo ironizar. Es médico.

Pero Sancho no debería lanzar piedras sobre su propio tejado, si no quiere correr el riesgo de que le sean devueltas con más fuerza. La veda puede abrirse -cosa que espero que no ocurra-, ya que el resto de políticos podrían acusar de cuestiones similares a sus rivales. ¿O no pudo provocar empatía la grave enfermedad que Duran i Lleida sufrió antes de las elecciones generales? ¿Y si lo hizo? ¿Qué vale más en el mercado de los sentimientos electorales, el cáncer o la fibromialgia? ¿Y el alzheimer? ¿Quién da más? Esto no es eBay. Es la vida real. 

De Madre ha explicado que antes de la aprobación de la iniciativa, durante estos años se había sentido “un poco sola” en la explicación social de esta enfermedad. Sancho no debería olvidar eso. Ni a ese 4% de la población catalana que también sufre fibromialgia y fatiga crónica.  Eso no son votos. Son personas. Y De Madre también lo es.

 

Reflexiones de un periodista vírgen

Por favor, no quiero prostituirme. No, no se equivoquen por mi osada afirmación. No es que intuya que mi futuro laboral está en la ronda callejera noctura. No es eso. Los tiros van por otro lado bien distinto.

En estas dos últimas semanas he tenido la oportunidad de presenciar varias “conferencias” en clase de diversos representantes políticos y periodistas. Han visitado nuestras aulas personajes tan dispares como Ernest Benach (president del Parlament de Catalunya), Joan Herrera (diputado por ICV-EUiA en el Congreso de los Diputados), Jordi Gràcia (periodista deportivo de Rac1), Carles Campuzano (diputado por CiU en el Congreso también) y Manel Cuyàs (periodista, colaborador de El Punt i tertuliano en radio y televisión). Y de todo lo que nos han explicado, he podido encontrar un denominador común: la relación entre la prensa y los políticos-futbolistas-loqueseaquetratalaprensa.

En todos ellos he podido oler el aroma de la experiencia. Y como toda madurez vital, se le acompaña por defecto una cierta ligereza respecto a determinadas actuaciones. Me explico. Cuando uno es joven (sí, soy joven), uno piensa que aún puede cambiar el mundo. Bueno, quizás exagero (maldita generación del 69…¿o era 68?). Lo que me refiero es que yo, periodísticamente, me considero virginal. Aún creo en el amor verdadero, en las sonrisas y las velitas, en que un día llegaré y cuestionaré todo, preguntas incómodas en plan premio Pulitzer. Demasiado cine, supongo.

Y lo que ocurre entonces es que llegan estos individuos, panzers políticos o periodísticos, que pisotean la fina hierba que crece en mi vientre y penetran mi esperanza y mi virginidad hasta el fondo. Y después me salpican hasta la cara de realidad pura y dura. Asqueroso, lo sé. Yo mismo lo sentí. Todos hablaban, a su manera, del cierto compadreo, amiguismo, interés -llámale como quieras- que pulula en las relaciones con la jet set del mundillo en que uno se mueva. Es decir, yo no diré ésto que veo que haces si tú después me adelantas algo jocoso en exclusiva. Intercambio puro y duro a la vieja usanza, o lo que es lo mismo, no escupas en el plato que te da de comer, informativamente hablando.

¿Dónde queda, en este prostíbulo de intereses compartidos, la vieja idea del periodista que cuestiona, denuncia o acusa?¿Es que soy demasiado romántico?¿Es que aún creo que me harán el amor y me dirán te quiero?¿Es que vale más callar y tragar (sí, tragarlo todo) para después tener una recompensa en forma de filtraciones o adelantos? No es que los invitados a mi facultad dijeran eso directamente, pero al hablar de la profesión en general, esta idea parecía la más normal del mundo. Malditos baños de realidad.

Hazmelo, pero al menos, dime que me quieres.

Dos miradas muy distintas de un mismo hecho

Hoy, para clase de redacción periodística, nos han encargado realizar dos artículos que mostraran un mismo hecho desde dos puntos de vista antagónicos, a favor y en contra. Aquí teneis el resultado…

 
Laporta, o los ojitos de animal a punto de ser degollado

“No me reconozco”. Una frase que resume el estado actual del presidente azulgrana Joan Laporta. Ante las cámaras de TV3 –ya que no quiso exponerse a las preguntas de una rueda de prensa abierta- Laporta mostró su cara más alicaída, triste y abatida. El rostro del fracaso. De su fracaso personal tras dos temporadas en blanco, sobretodo de ese blanco que más duele: el madridista. Lo que debía ser un equipo que marcara época se ha convertido en un conjunto de estrellas fugaces. Aquellas que te acompañan en una noche de amor veraniego que parece eterno, pero con fecha de caducidad en la vuelta al cole. Y en ese aspecto, Laporta se olvidó de hacer los deberes.
Debía dar explicaciones y no lo hizo. Se justificó bajo los éxitos logrados. Se defendió del affaire Ronaldinho argumentando que “confiamos en su palabra de que acabaría recuperándose”, o lo que viene a ser lo mismo, otorgando toda la culpa al héroe caído. Más duro fue con Rijkaard, casi arrepintiéndose de haber seguido confiando en él. Se enmarañó en supuestas teorías conspiratorias y despreció a Sandro Rosell como futuro presidente del club. Y lo peor de todo: intentó poner cara de “fue sin querer”, como hacen esos niños tan pillos que tras romper el jarrón pateando un balón, muestran una ojitos de animal a punto de ser degollado. Todo en el fondo perfectamente estudiado. En el fondo y en las formas. Y además, dijo poco y aburrió. Nada nuevo en Can Barça, al fin y al cabo.

 

Laporta, o el derecho a equivocarse

Saltó por fin el presidente del F.C.Barcelona, Joan Laporta, a la palestra mediática. Lo hizo en TV3, es decir, jugando en casa, pero respondiendo a un exhaustivo análisis de la temporada. Laporta, como culé que es, tiene exactamente la misma imagen que cualquier barcelonista al uso. ¿Síntomas? Decaimiento general, desidia respecto al pasado y autoflagelación reiterada. Diagnóstico: catarro por fracaso rotundo. La entrevista permitió ver al Laporta más humano, que se estremeció al verse a sí mismo encendido como si de un hooligan se tratara en la grada de Manchester; que se arrepintió de su populismo estilo Chávez en la trobada de penyes; y que trató de justificar a Sala Martí, Beguiristain, Rijkaard e incluso a Ronaldinho, en lo que ha sido una temporada para el olvido, pese a que no les eximió de toda culpa.
Muchos han criticado a Laporta por la imagen que ofreció. Se le reprocha que esta no es la actitud que debe tener un presidente para sacar al equipo del pozo. Que del poderoso y optimista “que n’aprenguin” se ha pasado al “no me reconozco”. Que cualquier pasado fue mejor y siempre nos quedará París. Y que así, el futuro es más blanco –con tonos merengues- que negro. Pero a veces uno debe tocar fondo para emerger, cual ave Fénix que surge de las cenizas. El primer paso fue Guardiola. El segundo, “fer guardiola”, o lo que es lo mismo, hacer caja con el adiós de los pilares del círculo virtuoso. Gracias y hasta siempre. No es la descomposición de un equipo. Es la reconstrucción de uno totalmente nuevo. Y Laporta lo sabe mejor que nadie. Errar es de humanos. Rectificar, de sabios.
 

La imagen de la desesperación

 

Sichuán, suroeste de China; Terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter; 21.500 víctimas mortales; más de 14.000 personas sepultadas bajo los escombros; 159.000 heridos; 4,8 millones de personas sin hogar. Ni mil palabras podrían describir lo que transmite la imagen anterior.