VIENTO

•Enero 24, 2009 • Deja un comentario

foto de alexcubero en 24/01/09

Estaba pensando sobre qué escribir cuando, repentinamente, una bolsa de plástico ha pasado a toda velocidad por delante de mi ventana. Aparentemente parece un día cualquiera, si no fuera porque una de las sillas plegables de mi balcón yace en el suelo, caída, desarticulada, inconexa. No sólo eso. La ropa colgada en el tendedero se mueve desesperadamente de un lado a otro, enzarzada en una pelea titánica consigo misma y sostenida por unas pocas pinzas de madera que desearían estar en un patio interior mucho más tranquilo, y no a la intemperie a merced de los elementos en un balcón de un séptimo piso de Barcelona. Y el ruido. Ese maldito ruido, que me acompaña a todas partes. Un aullido que me hace recordar que vaya a donde vaya, aunque me esconda, seguirá estando ahí fuera, esperándome. Soplando. Ssssussssurrando mi nombre en silbidos maléficos. Maldito viento.

Sin embargo, siempre me ha parecido curioso, el viento. La furia del aire, que diría un poeta de poca imaginación. Pues eso. Es como si el mundo se hubiera levantado hoy cabreado. Con el pie izquierdo. Con cara de pocos amigos y los cables cruzados. Con mal genio. Mala leche, mala baba, mala hostia. Ya me entienden.

Todos tenemos días de esos. Días en los que desearíamos habernos quedado en la cama. En los que cualquier cosa nos parece un ataque, y respondemos peor aún. Días en los explotamos, nos huracanamos y arrasamos con todo. En los que levantamos polvareda, removemos hojas, desordenamos la tranquilidad mundana y de paso, jodemos un poco a los demás, que nunca va mal hacerlo de vez en cuando.

Y ahí está el tema. A veces uno se cansa de ser sólo aire. Pacífico y equilibrado aire. De ser esa persona que siempre está ahí, apacible y tranquila, pero inadvertida. De que los demás piensen que nunca vas a fallar, que nunca dirás basta, que pase lo que pase, recibas palos o palmaditas, seguirás estando ahí. Hasta que una mañana, esa mañana, la mañana en cuestión, la menos esperada de todas las mañanas, te levantas con el pie izquierdo. Con mala leche, mala baba, mala hostia. Y entonces, arrasas con todo, mientras ves a todas esas personitas corriendo despavoridas a refugiarse del torbellino. Aciclonas tu carácter, atifonas tus reacciones y tus actos se convierten en tornados arremolinantes. Y por un día, te cagas en el mundo. En el jefe que no te valora. En el idiota de tu clase. En aquel que te humilla. En los vagos, los aprovechados y los desagradecidos. Y soplas, levantas polvo, azotas árboles, remueves conciencias. Y les recuerdas, a todos esos hombrecitos que huyen allá abajo, que vayan donde vayan, seguirás estando ahí. Aunque después vuelvas a ser aire. Tranquilo, pacífico y sensato aire.

Todos somos aire. Y a veces, por un día, todos querríamos ser viento. Maldito, pero deseado, viento.

UN CAFÉ CORTADO

•Enero 23, 2009 • Deja un comentario

foto de alexcubero en 22/01/09

NO ES PRECISAMENTE MI MEJOR SEMANA, debo reconocerlo. Escribo estas líneas aplacado por un gripazo de los de antaño, atabiado con bata, calcetines, pijama gordo y pañuelo al cuello. Mi pelo, despeinado, tiene ese aspecto andrajoso del que lleva todo el día sin hacer nada más que cultivar un virus inoportuno a costa de su salud. Me acompañan unas visibles ojeras de una noche de sudor, una fiebre que sube y baja a su parecer, y una verdadera batucada de Carlinhos Brown en mi cabeza. Mi garganta, dolorida, parece la perfecta acompañante de unas frágiles articulaciones, que provocan que mi caminar sea lento y pesado. En definitiva, una de esas gripes que dejan a uno caldoso, la mejor manera de definir mi estado actual.

LA CULPA NO FUE DEL CHA CHA CHA, como dice la canción, pero sí de un café. No piensen que he perdido la cabeza o que debo denunciar a Nescafé por un producto en mal estado. Les explicaré la película, así que presten atención. Resulta que, si me siguieron en la entrada anterior (Dios salve a mis fieles lectores, es decir, yo y yo mismo), no acabé la semana con buen pie, y empecé la actual con un tropezón que me llevó a dar de bruces contra suelo. Afligido en mente y alma, una bola de nieve de perfectas tonterías se convirtió en avalancha, que me arrastró precipicio abajo tragando nieve por la boca, y quien dice nieve, dice tristezas varias. Metáforas a un lado, simplemente tenía demasiadas cosas en la cabeza en el momento menos indicado. Y me hundí, como se dice, en mi propia mierda. Un chof chof en el que no vale la pena insistir demasiado.

SE DICE QUE LOS MARTES, NI TE CASES NI TE EMBARQUES. Y yo, que de supersticiones nunca he sido un erudito, me embarqué, me casé, y monté un festín por todo lo alto, de esos con padrino descorbatado y puro en mano. Toda una tarde de paseos, conversaciones, risas y sonrisas. Alrededor de un café dejé atrás todos los pesos que me habían atormentado durante casi una semana, y volví a ser yo. Con ese café me perdí en plazas de ensueño, en calles de antaño y en palacios musicales. Y por una tarde, todo volvió a ser equilibrio, espumoso como la crema de aquel café cortado que compartí contigo en un frío martes de enero.

SIN EMBARGO, LA VENGANZA SE SIRVE EN PLATO FRÍO. ¿Cómo había osado retar a mi Tristeza?¿De verdad creía que se iba a dar por vencida tan fácilmente? Como esperaba, ella volvió a la carga, esta vez con una infantería de virus gripal como arma, para vengarse por haberla pisoteado durante una tarde de perfecta Felicidad. Y aquí me ven, atolondrado desde entonces en el cuadrilátero de las guerras antibióticas, peleando contra mis anginas a base de sobrecitos y pastillitas con nombres raros e impronunciables. Pero mi amiga Tristeza sabe, en el fondo, que tiene la guerra perdida de antemano. Pues desde aquel café no he dejado de sonreir. Y entonces, tumbado en mi cama, desfallecido por esta gripe de destrucción masiva, alzaré mi puño al aire y diré en alto esas palabras mágicas: “Pónganos otro cortado, por favor”.

Vacío

•Enero 20, 2009 • Deja un comentario

foto de alexcubero en 19/01/09

Tócala otra vez, Sam, le dije a mi Ipod. Y así una y otra vez. Y otra. Y otra más, repitiendo una canción que me hace perder la mirada en nada concreto, en ese vacío que parece todo ahora. Al final me canso y lanzo los auriculares con rabia contenida. A este paso acabaré llorando. Y digo acabaré, porque ya he empezado.

A veces pienso que estoy hasta los huevos. Suena grosero, pero la ocasión lo merece. No es que el mundo me haya hecho algo. No. Simplemente, a veces me canso de mi mismo. ¿Qué es lo que te pasa, Àlex? Estabas bien, todo parecía fluir. Y sin embargo, te encojes, bajas la cabeza y esnifas mocos lacrimógenos. Y desistes. Y piensas que quizás nada vale la pena. Y la pena verdadera es verte así. Atontado por incomprensibles dudas, por sorprendentes miedos y por increíbles y poco creíbles decepciones. Lo que antes era ligera arena, ahora es pesado plomo. Toneladas de plomo. Cargadas sobre mi espalda. Y las rodillas me tiemblan, se arquean y parecen desistir. Y en realidad no me doy cuenta que nunca he dejado de cargar arena. Ligera arena. El plomo sólo está en mi cabeza.

Y no obstante está y no se marcha. ¡Bah! Odio verme así. ¡Gilipollas! ¡Inútil! ¡Idiota! ¡Atontado!!!!! Me grito cosas en silencio, porque ni siquiera tengo valor para decírmelo a la cara. Porque si me mirara a los ojos, me daría lástima. Me sacudo una lágrima, y hay diez esperando a caer. Hincho los pulmones para tomar fuerza, y sin darme cuenta ya he suspirado cien veces. Escribo esto porque no hay no hay otra manera de sacarlo. Y entonces me llamas. Y respiro. Por primera vez en todo el día, he dejado de suspirar para empezar a respirar. Es diferente. Aunque no sé si será suficiente. Espero que lo sea. Vuelvo a agarrar los auriculares. Cierro la luz y los ojos, aunque no sé muy bien en qué orden. Y entonces le doy al play. Tócala de nuevo, Sam.

Larga vida al nueve

•Enero 1, 2009 • Deja un comentario

foto de alexcubero en 31/12/08

Se va un año, y ya es otro más en esta larga lista que empecé hace 25 y contando. Decidle adiós con la mano, pues aquí se acabo nuestra relación. Recuerdo efímero será aquel 2008 en que tantas cosas pasaron, o tan pocas, o las suficientes, o las demasiadas. Las que fueron y no volverán. Hasta siempre y hasta nunca, dos besos y gracias por el servicio prestado.

Es curioso que cuando algo llega a su fin, la gente (me incluyo) reflexiona sobre lo andado, deteniéndose y echando la vista atrás sobre los pasos marcados en la nieve. Mañana no dejará de ser un día exactamente igual al de hoy, pero sin embargo, no lo será. ¿Qué cambia?¿Un dígito? No. Es más que eso. Cambia todo. Se cierra un ciclo, una etapa, un recorrido, para bien o para mal. Un año. 365 días de vivencias que ahora serán recuerdo, experiencia, foto u olvido. Algo conocido se despide, y se abre el telón de los sueños, las esperanzas o también los temores.

Mírenme a mi, autor de este relato. Un año redondo. Puedo decir, sin exagerar, que ha sido el mejor año de mi vida. No se queda ahí, sino que el difunto ha dejado un buen seguro de vida para su heredero en el calendario: un final pletórico de una larga carrera académica; un ilusionante reto profesional a dos años vista; amigos que se han hecho hermanos; y nuevos conocidos que se han subido al tren a última hora, y que van camino de convertirse en mucho más que amigos. Un lujo de herencia, si me lo permiten. El muerto al hoyo y al bolsillo el chollo. Y quédese con el cambio.

Y sin embargo (siempre hay un sin embargo), un simple cambio de dígito trae consigo el terrible desamparo de pensar que la suerte puede girarse y decir paren el tren que aquí me bajo yo, hasta otra y muy buenas. Un sinsentido de sentimiento, pero ¿desde cuando los sentimientos tuvieron razón de ser?. Miedo a cambiar, miedo a crecer, miedo a avanzar. Miedo a perder lo conseguido, a retroceder, a perder las musas y con ella la buena estrella. Miedo al miedo, irracional con más razón que nunca, que tontería más seria.

Hasta aquí 2008. Se va el año en que el negro echó al tonto de una casita blanca. Aquel en que una roja jugó un fútbol dorado y en el que la economía del globo fue más negra que nunca. Se marcha el año de la crisis innombrable y el zapatazo no certero a Bush. Aquel en que China nos enseñó en los Juegos Olímpicos lo bonito que es su salón prefabricado de Ikea, todo reluciente y asombrosamente ordenado, pero demostró que sigue escondiendo en su enorme y viejo trastero todos los trapos sucios de siempre, y son muchos.

Me despido de ti, año viejo, cansado, mustio, consumido y caduco. No sabemos que vendrá ahora, y lo que deba ser, será. Seguramente, mañana me despertaré y me daré cuenta que todo sigue totalmente igual. Y no obstante (siempre hay un no obstante), querré creer con todo mi corazón que todo ha cambiado, que todo es diferente, y que el nuevo año traerá un pan bajo el brazo, calentito y recién sacado del horno. A pesar de que la única diferencia esté, simplemente, en ese último dígito. Adiós, querido ocho. Larga vida al nueve.

[Dieciseis]

•Diciembre 31, 2008 • Deja un comentario

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Hoy he descubierto que me gusta Oasis. Quizás no parezca una gran revelación del universo, cierto. Pero qué quereis que os diga. Vivo en la ignorancia musical, en el analfabetismo lírico. Nunca tuve un triste póster de un cantante, casi no compraba cd’s (o cassettes, para los más prehistóricos), y la verdad, me preocupaba bien poco, para ser sinceros.

[ Maybe I will never be
All the things that I want to be ]

Así que, como se acostumbra a decir, nací sin “influencia”. Adoptado por un padre demasiado ligero de pantalones -los 40 principales- y una madre dada a los desmadres -la MTV-, saltaba de canción en canción sin adaptarme a un grupo determinado. Y es así como he crecido: no soy fiel a un artista, sino que lo mío es la poligamia musical. Ahora éste ahora aquel, de flor en flor y de letra en letra, sin el menor reparo o rubor de que en mi Ipod compartan espacio Juanes, una canción de salsa, ray charles, Marilyn Manson, Bisbal, reggueatton o Red Hot Chilli Pipers. Un cóctel de difícil digestión para cualquier somelier musical con un mínimo de buen gusto (u oído, mejor dicho).

[ A man can never dream these kind of things
Especially when she came and spread her wings
Whisper in my ear the things I'd like
Then she flew away into the night ]

Así que a mis manos/oídos llegó una recopilación del dichoso grupito británico de ropas andrajosas y despeinada cabellera. Con cierta desconfianza acepté el regalo, pensando que conociendo mi historial, poco jugo iba a poder sacarle al asunto. Lo intentaría, eso sí, pues los retos siempre han sido lo mío. Sería un chute intenso, pues mi camella musical particular pretendía que la primera dosis rockera contuviera 22 pistas de subidón melódico. Finalmente se compadeció de mi, quizás involuntariamente, y la cosa se quedó en 16, un número no especialmente interesante ni mágico. Quién sabe, quizás me equivoque.

[ She believes in everything
And everyone and you and yours and mine ]

El primer cara a cara fue duro, disputado. Tumbado en mi cama (¿otra vez?) intenté escuchar una, dos, tres, cuatro canciones. La verdad que todas me parecían bastante iguales. Alguna hasta me sonaba. “Sí, esta me la descargué una vez“, murmuré con la ceja levantada, como si eso me eximiera de mi ignonímia.
Parecía que la cosa no iba a ir a mayores. “Yo controlo“, presumía, pensando que la droga no haría demasiado efecto en mis venas. Hasta que, caminando por el centro de Barcelona esta tarde, me encontré escuchando esa música en mi Ipod. No sólo eso, sino que empezaba a tomar gusto a cada una de ellas. Unas más que otras, pero todas iban adquiriendo formas distintas, logrando sensaciones varias, provocando sentimientos diversos.

[ There are many things that I would like to say to you,
But I don't know how ]

Y anonadado, me he descubierto escuchando esa maldita lista de 16 canciones una y otra vez. En el metro. Mientras corría por una cinta sin fin en el gimnasio. Por la calle. En el ascensor. En mi habitación. Y entonces, con preocupación evidente, un pensamiento me ha invadido la mente, mientras bajaba la vista y reconocía en voz baja:

Mierda. ¡Me gusta Oasis!”

Pues eso. Preocupante diagnóstico. Os dejo, que voy escuchar música. Otra vez.

[ I want to talk tonight
Until the morning light ]

Mirando el techo

•Diciembre 31, 2008 • Deja un comentario

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Tumbado en mi cama, miro el techo. Cuantas veces habré repetido este dichoso ejercicio a lo largo de mi vida, como si en esa capa de yeso blanca pudiera encontrar la respuesta a las preguntas que se atascan en mi cabeza. Pero lo miro, lo remiro, lo repaso y lo examino, suspiro y vuelvo a suspirar.

Suspiro. Y demasiado. Creo que hacía tiempo que no lo hacía tanto y tantas veces seguidas. Hasta resoplo, que es peor. Una y otra vez. Buf tras buf, cada vez más largo, más lento, más profundo. No es cansancio. Es más que eso, aunque no sé muy bien qué.

Vuelvo a mirar el techo. Quizás estaba equivocado. ¡Sí! ¡exactamente! Ya lo tengo. Lo que realmente trato es de ir más allá del techo. Busco el vacío, el infinito, quizás estrellas luminosas rodeadas de ovejas verde fosforito, quizás imaginaciones mías, imaginar años futuros o recuperar recuerdos demasiado recientes. ¿Qué buscas, Àlex? ¿Acaso respuestas? No te equivoques. Quedarte tumbado en la cama nunca fue demasiada buena solución a tus quebraderos de cabeza.

Así que decido escribir. Oh, que novedad. Puede que sólo intente asemejarme a un pintor excitado que trata de entender lo que siente, sucumbiendo en una orgía de colores confusos, pintando con brochazos alocados y desesperados, creyendo improvisar cuando en realidad ya sabe muy bien qué está dibujando. Tecleo rápido, con fuerza, con demasiada pasión diría yo. Tanta que llevo un rato escribiendo cosas que creo que debería dejar guardaditas con llave, en un agujero en lo más profundo del salvaje bosque de mis pensamientos. Y rodeado de una verja metálica con pinchos asesinos. Por si las moscas a alguien se le ocurre husmear.

Es curioso. Acabo el año mejor que nunca y ya estoy pensando demasiado. ¿Será miedo? Sí, creo que es eso. Demasiadas cosas me vienen de repente, todo nuevo, inesperado, muy bonito, con música de que-bien-nos-lo-vamos-a-pasar y un lacito rojo. Hasta una tarjetita de “Bienvenido a tu nueva vida, Àlex“… Todo precioso, sí.

Y ya veis. Como un capullo (en flor) me volveré a estirar en mi cama tras acabar este lienzo de no sé muy bien qué, recuperando mis absurdos pensamientos acerca de nada en concreto. Quizás hasta me ponga a escuchar música. Algo que me suponga un pequeño oasis en el desierto agilipollado de absurdas dudas en el que me arrastro ahora.

Seré capullo… Buuuuf

El día en que el mundo no cambió

•Noviembre 5, 2008 • 3 comentarios

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Hoy me desperté por la mañana -cosa normal- y entre sábanas pensé que ojalá el tipejo que inventó el despertador no hubiera nacido. Tras alargar mi letargo varios minutos -o cuartos de hora, perdí la cuenta-, realicé un esfuerzo sobrehumano por sacar una de mis inertes piernas de la cama, y así el resto de mi cuerpo como si de un zombie moribundo se tratara.

Casi a trompicones en el pasillo, conseguí llegar al cuarto de baño. En el espejo, un ser despeinado, desencajado y con barba más que afeitable, me dió los buenos días con un bostezo o un ladrido, que sé yo. Despejándome un poco, inicié con desgana mi afeitado, con tal torpeza que en pocos minutos mi cara desprendía centenares de puntitos sangrientos, majar exquisito de cualquier vampiro suicida que se quisiera exponer a la luz del sol para degustar mi dulce hemoglobina. Ducha, secado y vuelta corriendo de puntitas -¡ay ay ay!- por el pasillo, tiritando de este maldito frío semi invernal, que provoca que si uno se pone una chaqueta, sea demasiado, y si no se la pone, llegue a pensar que en las glaciaciones tampoco se vivía tan mal.

Vestirse, hacer la cama y arreglar un mínimo mi habitación, actos realizados con automatismos de quien casi no piensa y sólo actúa. Aún viendo que se me hacía tarde -como siempre-, pensé que sin embargo aún era pronto en mi retardo, por lo que encendí el televisor, por si explicaban algo nuevo o simplemente no decían nada, algo habitual. “Obama, nuevo presidente de EUA”. Pues vaya… tanto change tanto change del que hablaban, y mi rutina sigue siendo una calcomanía igual de triste y exacta que ayer. Pues no era para tanto, este Obama…

Oh!bama

•Octubre 31, 2008 • 2 comentarios

 

    Tres, dos, uno. Poco queda para el final de esta maratón que va camino de convertirse en eterna, y de la que ya no se sabe si compite Barack, McCain, Hillary, Palin, o el Joe el Fontanero. Dicen, precisamente, que este último personajillo fue inventado por los republicanos para boicotear al desgarbado candidato demócrata. Nunca estuvieron más equivocados. Un fontanero es justo lo que más necesita el partido del Elefante -y no hablo de John- para tapar esas fugas que amenazan con dejar en papel mojado las promesas, las esperanzas y los votos de la América conservadora.

   Yes, we can, deben pensar los republicanos en su autoflagelación, agradeciendo haber llegado al menos con un poco de vida al final del combate. La diferencia de 12 puntos –según la última encuesta de la cadena CNN y la revista Time– parece que tumbará al veterano héroe de guerra sobre la lona, deseando haberse quedado en ese sombrío calabozo vietnamita de antaño. Demasiados golpes para el sucesor de Bush, que ha conseguido lo imposible: 29 diarios de EEUU anunciaron su respaldo a Obama, por 11 de McCain, sgún Editor & Publisher. La desesperación es tal que se plantean jugar con la baza de Sarah Palin. Insensatos.

   Esperanza vs Miedo. Mientras los demócratas apostaron fuerte por un lema, una idea, un mensaje -Cambio-, los republicanos se han dedicado sistemáticamente a ametrallar a la audiencia con una interminable lista de ataques al rival, ideas, promesas y contradicciones varias. Craso error. Y es que al final, ha tenido que ser el equipo de Obama el que de con un lema fácil y que resuma la campaña: Esperanza vs Miedo. Demasiado simple para los lumbreras de la campaña demócratas.

   Oh!bama. Va tan sobrado este hombre que hasta se dedica a experimentar con arriesgados anuncios-publirreportajes de media hora, que vieron uno de cada cinco estadounidenses. No obstante, el historiador neoyorkino Gabriel Jackson dijo esta semana en Barcelona que el triunfo de Obama aún no está decidido, y que el factor racial puede dar un sorpresa en el 4-N. Acertó de lleno. El futuro tan negro de McCain no deja lugar a dudas.

Pásamela al pie que sino me canso

•Junio 5, 2008 • 6 comentarios

El partido de ayer de la selección española resultó tan absolutamente soporífero que intentaré no aburrirles en este intento de relatar lo acontencido. Lo haré con frases largas, enormes, interminablemente extensas, porque sólo así uno puede transmitir la linealidad y falta de ritmo de un encuentro que discurría al ralentí, a dos revoluciones menos, con ese toque toque toque y más toque que no lleva a ninguna parte más que al sesteo temprano. Ganó, que era lo mínimo, pero lo hizo como lo hace la España de Luis Aragonés, como si fuera un funcionario público que hace esperar a toda una larga cola mientras él acaba su almuerzo de las once, y desespera a todo el graderío que sólo asiste a una representación tan burda como anodina. Porque si con estas actuaciones pretenden revolucionar y levantar al gentío, ni la máquina mediática de Cuatro conseguirá con sus spots patrios movilizar a la audiencia, y a este paso Manolo dejará el bombo para pasarse al violonchelo. Y es que la música de esta selección no es el tum tum tum de un tambor en tiempos de guerra, sino más bien una sedante y narcotizante melodía de jazz, salvando las distancias.

Maldito letargo, que vienes a mí en forma de pelotita esférica, rodeada de jugadores de pásamela al pie que sino me canso, que intentas convencerme que este año seguro que pasamos de cuartos, mientras que el único cuarto que reconoceré son los 15 minutos que tardo en cambiar de canal ante este somnífero disfrazado de gran espectáculo del mundo. No colabora mucho el seleccionador, emperrado en convertirse en un Ferran Adrià futbolístico, intentado innovar algo que desde que nació ya está condenado al fracaso póstumo. Colocar a Xavi, Alonso, Cesc y Silva juntos es jugar al rondo por el rondo, rondando la desesperación del que al final le toca pagar la ronda de sus amigos y la broma en general, que es el aficionado. Y por eso le recomiendo transmutarse en Santi Santamaría, recordar lo tradicional, lo genético, es decir, esos extremos que tanto han caracterizado a la selección española, y que sumados al fútbol combinativo –ahora sí- quizás nos den alguna alegría pasajera. No nos vendan fútbol de alta escuela a precio de fast-food de carretera con patatas, cocacola y extra de aburrimiento, pues lo que no mata, engorda, y no precisamente la cuenta de títulos.

¡God bless America!

•Junio 3, 2008 • Deja un comentario

Basta. Necesito un descanso. Un kit kat. Llámenle como quieran. Break, stop, respiro, pausa, tregua. Da lo mismo, porque es lo mismo. Odiaré esa palabreja. “Primarias”. Obama, Clinton, caucus, lobbies, Iowa. Todo me queda lejos. Y sin embargo almuerzo con ellos. Como con ellos. Duermo y ceno. Incluso fornicaría con ellos si fuera posible. No puedo más. Están en todas las tertulias. Demócratas. Conversaciones de café, breves de portada. Primarias. Abro la tele. Obama. Escucho la radio. Clinton. Hasta nos roban nuestro símbolo más catalán, el asno. Eso no. Quizás si me tiro un pedo suene el himno americano.  

Nuestros candidatos han llegado al final. Dakota y Montana. Por fin. Se acabó la lucha fraticida. ¿Seguro? Pues va a ser que no. Llegó el turno de los superdelegados. Yo me los imagino con su capa al viento. “¡Hemos llegado!”. “Somos los superdelegados”. Poca broma. ¿Piensan que realmente terminó? Tres meses quedan. ¡TRES!. La Convención Nacional llega el 25 de agosto. Ahora cávalas y quinielas. Compras de votos. Venta de integridades políticas. It’s the power, stupid! El poder por el poder. Y joder, eso sí que se les da bien.

Citaré a Aznar, ahora tan yanki él. Váyase, señora Clinton. Hágalo rápido. No se despida. No es necesario. Es más, se lo agradecerán. Huya rauda y veloz, como alma que lleva el diablo. Y tire la toalla. Si puede ser lejos. Tómese unas vacaciones. Puerto Rico, por ejemplo. Allí ganó las primarias. Gánese un merecido retiro. Hace tiempo que está usted acabada. Pero no quiere aceptarlo. Hasta su marido lo ha insinuado. La cosa está muy negra. Negro Obama. La victoria de la otra América. Y usted ya fue América. Jugó a las damas. Pero usted prefiere el ajedrez. Mover fichas. Ser reina. Mandar peones a Irak. Esos peones que uno puede sacrificar. Por la victoria final. Por América.

Finales de agosto. Obama se proclamará candidato oficial. ¡Hurra! Pero no celebre nada. Porque las primarias terminan. Pero un fin supone un comienzo. Las presidenciales. McCain. El héroe de Vietnam. Si se tuviera que hacer un filme sobre él, el actor sería Bruce Willis. Tipo duro, McCain. 73 años. Luís Aragonés a la americana. Un poco mayorcete, vamos. No para estos trotes. Y entonces empezará la carrera presidencial. Rojo. Azul. Blanco. Música de parafernalia. Obama por aquí. McCain por allá. Bush en Puerto Rico, con Clinton. O quizás un destino más exótico. ¡Bagdad! Allí le esperan con cariño. Vaya. Pues al final resultará que echaré de menos las primarias. Con ellas, mis flatulencias olían mejor. A barras y estrellas. ¡God bless America!